Sabios de Espíritu Pobre ¿Qué Pena! - 18 de enero, 2006

El pasado día tuve la gran suerte de poder disfrutar del programa que dirige el entrañable licenciado, viajero y a su vez presentador de televisión, (es decir un hombre polifacético) Fernando Sánchez Dragó.

El tema en cuestión trataba sobre la felicidad del ser humano y para ello, y como no puede ser de otra manera, los invitados eran todos ellos de reconocido prestigio, no se de donde ni sus nombres, pero a buen seguro que han estudiado la materia y, como no, el tema de la felicidad y sus vertientes en toda su extensión.

Mi humilde apreciación a tal evento, o reunión de sabios, desde un prisma o visión de chico de barrio y más normal que estos pensadores, fue la siguiente que narro a continuación queridos lectores.

A todos y cada uno de ellos les noté como si tuvieran la imperiosa necesidad de imponer su razón al respecto de la felicidad, y para ello estoy seguro de que si no fuera delante de un plató televisivo podrían llegar a las manos, ¡ojo clínico! Se exaltan en demasía para hacer prevalecer lo que durante años han estudiado y creen poder tener el brebaje de la felicidad. Si uno de ellos no comulga con sus ideas se produce así una frustración en relación a su valioso tiempo invertido en la filosofía, psicología y demás temas que han estado releyendo para intentar ser ¿felices? Y ya se sabe la reacción de causa-efecto, si no concuerdan con sus ideas los unos con los otros se produce una frustración en su cerebro que puede desencadenar en estos hombres una reacción de ironía o sarcasmo hacia los demás, eso un plató televisivo, solo Dios sabe qué sucedería en un túnel oscuro, porque a mayor frustración, mayor agresividad y a buen seguro que estos intelectuales recurrirían a ella, porque desde que el hombre es hombre, los patrones de conducta ya están muy vistos: agresión y adiós literatura, filosofía, psicología y la madre que parió a todos, y a volver a los instintos más bajos de la pirámide para sentirse un poco mas aliviados.

Los invitados eran: un catedrático con muchos masteres en cuestiones de la mente, el hombre, para dar pistas a los lectores, tiene la cabeza como una sandia. Otro era un catedrático de filosofía y hacia mención a Santo Tomás de Aquino, su pelo es blanco y lleva gafas, denotaba unas ganas tremendas de sobresalir sobre los demás y creo que está algo excitado. El que estaba al lado del filósofo era un señor desconocido, cauto, tímido y defendía la filosofía de oriente y el desprendimiento del yo como una generosa virtud hacia la autorrealización del individuo, el desapego de todo lo material para el perfecto funcionamiento de la naturaleza y su impedimento para su armonioso desarrollo. Había, según el señor con barba de sabio (y de haber sufrido más de lo normal por encontrarse a sí mismo) unas leyes de la naturaleza a las cuales no había que anteponerse y seguir disfrutando de la vida pase lo que pase, algo así como “ no hay mal que por bien no venga...”, ”saca lo positivo”, “por algo habrá pasado”...etc.

Al lado del señor Sánchez Dragó, justo a su izquierda, se encontraba Don Eduardo y el apellido no lo sé, pero es un señor muy empalagoso, extraño, y con pelo de loco perdido, que realiza unas entrevistas a científicos en una serie llamada redes, y que nunca se sabrá quien esta más loco o este señor o quienes se dejan entrevistar por él.

Eduardo empezó el programa aludiendo a una extraña teoría acerca de que la cebra se estresaba cuando veía a una leona, y que si nunca la veía no se estresaba, a diferencia del ser humano que se estresa solo en pensar en el futuro, es decir, nos estresamos antes de que sucedan las cosas, dando a entender que quizás nunca pasen y sufrimos más por la fantasía que por el hecho, y de ahí el ejemplo de la cebra. Pero, ¿ha preguntado a una cebra y ésta le ha contestado en qué otras situaciones se puede estresar?...¿en un parto?, ¿en falta de alimento? y sobre todo ¿qué narices sabe este hombrecillo de lo que piensa la cebra? Esta intervención duró bastante por la lentitud en las explicaciones, y eso desesperó bastante a los demás sabios, pues ellos también querían dar su opinión, e incluso por la mirada hacia debajo de alguno de ellos yo diría que sentían vergüenza de lo de la cebra y la leona.

Pero cuando comenzaron a nombrar a hombres ilustres de la antigüedad, tales como Sócrates, Cicerón, y, en definitiva, de las épocas Romana y Griega, y a otros más modernos como Freud, Joseph Campbell, etc., comenzaron a interrumpirse cada vez más frecuentemente y, si cabe, con mas rabia, pues no hace falta ser muy listo, o inteligente en su defecto, para ver como sus rostros denotaban una envidia corrosiva hacia el semejante y sus teorías acerca de la felicidad.

El único que mantenía el tipo de una manera estoica era el propio Sánchez Dragó el cual, según mi apreciación, está mejor preparado que estos señores que, repito, uno con pelos de loco perdido ¿por qué? ¿será una identidad de sabio? Otro lo mismo pero con gafas y en un estado histriónico, vamos histérico crónico. El oriental o budista estaba como yo en Galicia cuando festejamos el día final de una bonita excusión en la cual se consumió de todo y, como no, una queimada con guitarristas y chicas bailando al rebajo de una hoguera para la ocasión por lo de “haberlas ahilas”.

Al cabeza sandia, catedrático él, no le dejaría ni que me calentara el café, creo que saldría la casa ardiendo o algo parecido. Y al señor de la cebra y la leona, de verdad que lo juro por mi familia, este tipo de personas que han hablado y están en laboratorios con científicos, me dan miedo, creo que han realizado alguna aberración con algún pobre ratón, conejo, mosca, reptil o cebra, pues es sabido que sus vidas son bastante antisociales y si no ven a un hombre o alguna mujer, algún animalito puede ser su desahogo personal.

A todo ello, los sabios de la felicidad ¡¡¡¡¡Viva la tristeza!!!!!!...trajeron cada uno de ellos unos cuatro libros para poder mostrar sus obras escritas en el programa, y de esta manera ser ellos un poquito más felices, ya que al hacer publicidad de esos libros, que yo no compraría jamás, las compras lógicamente aumentarían. Pero la sorpresa la dió Sánchez Dragó cuando dijo que no daría tiempo a mostrarlos en la cámara, con buena vista del mismo, pues eran una cantidad de librejos que se necesitarían veinte programas para solo enseñar sus libros comerciales y enriquecer las arcas de los maestros occidentales y orientales y de esta forma ser mucho más felices que la media.

En esos momentos la desilusión de los eruditos fue patente, pues no habían ido al programa en cuestión para hablar de cosas tan extrañas como la felicidad y dar una clase gratuita de los efectos en el cerebro de la cebra y la leona, y el desarraigo del yo, ni de la serotonina, ni de endorfinas, querer saber más que los autores griegos, romanos y del que se sentaba justo a su lado, SOLO QUERIAN QUE LOS TELESPECTADORES VIERAN SUS LIBROS

También estaba una mujer, la cual sea por machismo o porque solo era una mujer entre cinco hombres, fue más cautelosa y no aportó nada de nada, si acaso una mirada en sus ojos de estar muy feliz con la dosis de tranquilizantes que suelen dar en ciertos programas para poder aguantarlos. Lo justo sería que nos dieran a nosotros (aunque nadie nos obliga, eso está claro) alguna recompensa por ESCUCHAR A TONTOS CONTRA TONTOS, EN RELACION A LA VIDA DE LA CALLE Y DE LOS LIBROS. Y YA SE SABE, SE PUEDE AGUANTAR A UNA MUJER FEA PERO SIMPATICA, MALEDUCADA PERO HERMOSA, PERO CON LOS DOS DEFECTOS NUNCA, JAMAS, Y ESTOS SEÑORES NI SON LISTOS, LISTILLLOS, NI INTELIGENTES.

No transmitieron un mensaje, solo musiquita para sus oídos, se enfadaron entre ellos, muestra inequívoca de que no son felices y tienen envidias en relación a las demás teorías de sus colegas de fatigas en busca del Santo Grial, o en este caso de la felicidad. Su lenguaje no verbal mostraba en todo momento como querían hacer el vació al que tenía la palabra en ese momento, también con sus miradas y movimientos de cabeza mostraban un orgullo, que a su vez daba a entender que no sabía lo que decía el otro y él estaba en la verdad más absoluta..En fin, VERGONZOSO Y ENCIMA INFELICES POR NO MOSTRAR, ENTRE OTRAS COSAS, SUS LIBROS. AMARGADOS DE LA VIDA ¡QUE TRISTEZA!

Existe mucha sabiduría popular para estos temas, desde las frases más simples hasta las más rebuscadas en libros de bibliotecas en relación con estas cuestiones, y todas ellas podían ser perfectamente el camino hacia la felicidad. En primer lugar si se trata del camino en sí o como diría el oriental del programa, primero definamos que es la felicidad, pues bien, quizás la felicidad esté en el camino mismo, aludiendo a Cervantes con su obra maestra EL ILUSTRE DON QUIJOTE DE LA MANCHA, en uno de sus pasajes “FUE MAS FELIZ EL CAMINO QUE EL DESCANSO EN LA POSADA SANCHO”.

Pero dejaré algunas frases para que se pueda reflexionar acerca del tema de la felicidad:

- las personas felices no tienen historia.

- hay dos formas de conseguir la felicidad: una, hacerse el idiota; otra serlo.

- la dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.

- la felicidad consiste en ser libre, es decir, en no desear nada.

- si eres feliz, escóndete, no se puede andar cargado de joyas por un barrio de mendigos, no se puede pasear una felicidad como la tuya por un mundo de desgraciados. (metáfora)

- la felicidad consiste en hacer siempre el bien.

- lo principal no es ser feliz sino merecerlo.

- uno se busca en la felicidad y se encuentra en su sufrimiento.

- el mundo prefiere, sabiamente, la felicidad a la sabiduría.

Y ESTAS OTRAS FRASES SE LAS DEDICO A LO ERUDITOS TELEVISIVOS:

- la felicidad consiste casi siempre en saber engañarse.

- la felicidad nace de la moderación.

- la felicidad consiste en la ignorancia de la verdad. El pato es feliz en su sucio charco porque no conoce el mar.

- HABEIS COMETIDO EL PEOR PECADO QUE SE PUEDA COMETER, NUNCA FUISTEIS FELICES, PORQUE SIEMPRE ESTUVISTEIS PREOCUPADOS EN SERLO.

- PARA TENER LA DICHA Y LA VIRTUD MAS GRANDE, LA FELICIDAD, BASTA CON TENER BUENA SALUD Y MALA MEMORIA.




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