Mérida, ciudad romana, dos chicas y mucho miedo - 29 de julio, 2009

Deseaba ver una ciudad con historia en España, y me parecía un pecado haber visto el otro lado del mundo, y no visitar tan histórica ciudad, con un pasado entrañable y llena de tantos momentos gloriosos y otros episodios singulares. No lo pensé mucho,
quedé con un amigo para realizar la excursión en cuestión, pero a última hora no vino por motivos personales, pero no lo dudé un instante, me monté al autobús, y me planté en la ciudad de Mérida sobre las 8 de la tarde. Salí de la estación de autobuses y procedí a cruzar un puente moderno a pie, por el cual circulaban coches, tenía que alcanzar la ciudad, las luces de los hostales, edificios cuanto antes,  por nada en especial, pero tenía ansiedad por llegar al centro de la ciudad y ver a sus gentes, antigüedades y edificios emblemáticos de noche iluminados, pasé el puente y me senté en un banco pensando hacia donde dirigirme, y me fui por  un callejón cualquiera.

Fue en ese callejón donde dos chicas se cruzaron conmigo y se rieron, la típica risa de las mujeres para llamar la atención, lo capté y les pregunté cualquier cosa sin interés, el caso es que me encontraba solo y no eran una mala compañía para mi, así fue, pronto me di cuenta que las guapísimas chicas estaban aburridas de las discotecas y chicos un tanto pesados de PlayStation. Comenzaron a hacerme preguntas, la primera, de dónde era, contesté, de Madrid, eso aunque a mucha gente le resulte extraño, ya es una llave para establecer conversaciones y quizás algo más, los madrileños lo saben, pero esto no tiene importancia, soy terrícola y en cualquier sitio me encuentro a gusto si hay amor y respeto.

Andamos y me enseñaron casi toda la ciudad en 4 ó 5 horas, eran ya la 1 ó 2 de la noche y nos sentamos en un portal, ya relajados y con las bromas que las hice, sabían que no era un mal chico para ellas, empezaron a hablar de sus novios y que les querían dejar por cosas ridículas, creí entender que dos chicas a esas horas y con esos comentarios hirientes hacia sus novios, no eran más que un motivo  para conocerme mejor y que yo diera alguna pista de mi vida sentimental, pero ya me lo se, una de ellas se descalzó y puso sus pies encima de mis rodillas y la otra al verlo comenzó a preguntarme cosas morbosas sobre el sexo, no me parecía correcto lo que estábamos haciendo, y les dije que si me ayudaban a encontrar un hostal, albergue u hotel para dormir.

Estuvieron conmigo en todo momento buscando y preguntando por todo lo que oliera a hospedaje, pero era Semana Santa, y estaba todo ocupado.
Entonces, una de ellas, morena con ojos verdes, me dijo que podía dormir en su casa porque sus padres no estaban, a lo que la otra, que era rubia, más lista y con cara de dulzura, dijo, pues yo también  voy. Me sudaba todo el cuerpo y eran las 2 de la madrugada, cambie de tema con rapidez, a la vez que les di las gracias, comenzamos otra búsqueda y nos metimos en el mejor hotel de Mérida, tampoco había hospedaje, pero llamaron a su otro hotel que se encontraba a 3 kilómetros de distancia y contestaron  que había una habitación individual y el precio, que era carísimo, pero había que dormir y seguro.

Entonces, llegó la hora de la despedida con las chicas guapas de Mérida, que siempre las llevaré en el corazón, por ser tan simpáticas y complacientes con un aventurero, pasajero, que con alguna lagrimilla en los ojos nos despedimos pues no quería que me acompañaran hasta el hotel, ya que había un descampado con un paisaje desolador y que no todo el mundo es capaz de atravesar a pie, era el único medio por el que se podía llegar a esas horas, pues por la carretera eran 6 kilómetros y ya estaba muy agotado, no pasaba ningún taxi y empecé a caminar sin mas.

Cuando empecé mi andadura por el descampado, a los doscientos metros percibí una soledad extraña y a su vez me di cuenta, que posiblemente ese lugar tenía algo de historias malas.
Escuché y vi algo moverse y sinceramente me asusté mucho, parecía como algun roedor, lagarto nocturno o un ave que salta de su nido en el suelo, empecé a cantar para quitarme el miedo, tenía la boca seca y además me tropecé en un agujero, esto me hizo poner todos mis sentidos al 200%, veía las luces del hotel, pero parecía que se alejaba de mi, en lugar de ir llegando hasta el mismo.

Divisé un puente y debía de pasar por él, pero este puente era solo de 5 metros y pequeño, solo temía por lo que hubiera dentro de él, algún vagabundo, matorrales, agua sucia etc...
Según pasaba a través del puente, notaba como mi persona estaba sufriendo una metamorfosis, podía ser de alguna forma de la vida a la muerte  o viceversa al igual  que del cielo a la tierra o al revés como de un mundo sensible a otro suprasensible.

Me encontraba en una situación tensa y difícil, pero debía pasar por él, algo me decía que detrás habría sorpresas y que debería enfrentarme a ellas fueran cuales fueran, era mi andadura y mi camino en ese momento, notaba como me subía la adrenalina y que sabría cuales serían mis pasiones, mis instintos y mis miedos, sabia que si retrocedía sería un mal augurio y si me quedaba a mitad del camino, sería una metáfora de mi existencia, tenía que atravesarlo y así lo hice.

Una vez pasado el puente pude oler y ver un pantano, y me sentí mal, pues algo me decía que alguna fatalidad me sucedería, nunca me han gustado mis experiencia cercas de pantanos.

Comencé a sentirme desesperado, desconsolado y alertado para algún peligro inminente, mientras recordaba que hacía solo 20 minutos estaba con dos chicas preciosas y que podía estar durmiendo en su casa, pero el camino era en el cual me encontraba y debía proseguir por el.
Una vez que parecía todo tranquilo y veía mas cerca las luces del hotel, noté que algo saltó justo al lado de mis pies, y se paró a 3 metros, era un conejo, y cerca de él había una manada de conejos con el pelaje sucio, de color marrón, miré a la luna, que ese día era luna llena y pensé, serán conejos de la magia, pero otra vez mi interior me indicaba y recordaba  no se por qué, periodos de un pasado lujurioso y de abundancia en ciertos temas, el caso es que no huían, es más, cada vez, se acercan más a mi.

Escuché más ruido alrededor y mire qué es lo que era, se trataba de una pequeña manadas de zorros, me di cuenta de que venían para dañar, incluso llegué a pensar que había alguien siguiéndome  y soltándome estos animales, alguien detrás, en definitiva, de cualquier forma me mantuve con prudencia.
Miré hacía detrás para ver la distancia del puente  que atravesé y cuando miré otra vez de frente, los conejos se subían encima de mí, me los quitaba de encima, me daban asco, y los zorros no se separaban de mis pies, los daba patadas y entre los conejos y los zorros me estaban atacando, y a su vez se unieron ratas y ratones, era un espectáculo terrible y una experiencia atroz, me sentía como un miserable, sucio, un parásito y otra vez comenzaron  mis recuerdos de otra época de  actividades personales que realizaba por la noche, la  situación era de asco y horror, tenia un gran desasosiego, malestar, y de rabia.

A todo esto, también aparecieron unas salamandras, pero estas en cambio, me dieron calma y paz, me sentí fuerte e inmortal ante cualquier ataque de los otros animales, estaba seguro de mis posibilidades de salir airoso de esta situación de horror.
Quise saltar por un muro y unas culebras  se cruzaron en mi cuerpo, veía ya las luces de la carretera y del hotel y entonces opté por coger una navaja suiza que llevo siempre para mis viajes y empecé a dar patadas  muy fuertes  tanto a los conejos, como a los zorros, cuando otra vez se acercaban, más fuerte les daba con un palo y con mi navaja di unos cuantos cortes a 2 conejos y a las serpientes las pise, pero éstas resistían, cuando me quise dar cuenta estaba ya en la carretera y en una tienda cerrada de neumáticos, los animales volvieron al descampado.

En la recepción del hotel, me estaban esperando, y me dieron las llaves de la habitación, era muy cara y muy pequeña, estaba nervioso y poco dormí, al día siguiente, me llevé todo lo del mueble- bar, frutos secos y todas las botellas con alcohol y sin alcohol y comencé mi excursión, por el Museo de Roma, el teatro y todo lo demás de la guía, regresé por la noche a mi casa y se acabó la aventura.

Lo único que puedo decir, que me acuerdo mucho más de las chicas, las cuales me trataron muy bien y que Dios las bendiga, que del asqueroso camino con los animales esos alrededor de mí, al fin y al cabo, ese era su hábitat, no el mio.
Me compré en una tienda de regalos una Virgen de Santa Eulalia y siempre está muy cerca de mí.

JAMAS CONOCERAS NUEVOS OCEANOS, SI NO TIENES EL VALOR DE DEJAR AQUELLAS PLAYAS.


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