1 de febrero, 2007

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, como alegrías y tristezas, pero si algo aprendí, ES QUE PASE LO QUE PASE HAY QUE SEGUIR.

Estaba confuso con mi vida y además había tenido el típico y mítico mal de amores, que unido a algún problema personal me hizo llegar hasta una situación de debilidad mental que nunca creí que sucediera. Pero pasó y aprendí a vivir bajo las circunstancias que sean.. Ahora me da igual sentirme mal, bien, estar enfermo, romperme una pierna o lo que sea, porque eso es que estoy vivo y no muerto, y como dice el refrán, todo lo que no te mata, te hace más fuerte ¿verdad?.

Estaba cansado de mi situación y creí que alguien debía de pagar mis frustraciones, o simplemente que debía de arreglar algunos asuntos con ciertas personas. De esta forma, el sábado noche era ideal para llevar a cabo mi cometido y que mis pensamientos dejaran de torturarme. Así fue como me dirigí a una discoteca y sin mediar palabra hice lo que me dictaba mi mente, equivocada o no, lo hice, y a día de hoy de aquello, concretamente, no me arrepiento, solo les indiqué el camino correcto a unos traficantes de droga que abusaban de la debilidad de los/as jóvenes para ellos llevar una vida de lujo y relativamente fácil. Sí, hice lo que piensas, eso mismo, les pille uno por uno, eran tres y todo transcurrió entre las 12 de la noche y las 6 de la mañana.

Cansado y abatido del ajetreo y del ¿pecado? cometido con estos hijos de puta, me dirigí hacia la famosa Casa de Campo yo solo, con una botella de vino dulzón, aunque ya iba borracho, la botella me acompañaba, también una falsa realidad o distorsionada, como una ilusión constituida llena de sombras que me proyectaba fuego en la retina y en las venas. Mis sentidos solo me permitían ver una parte y no me revelaba toda su luz. De esta manera estaba lastimándome a fuego lento, tenía una percepción que hoy en día podría denominarla como el cubismo, no acababa de entender del todo en el marco o cuadro en el cual me encontraba.

Me dirigí hacia la zona de los travestis, ya que me daba igual una zona u otra, solo esperaba que alguien bajara de una vez el telón de mi vida, porque yo solo no tenía valor. Había sido desde muy jovencito admirado y respetado, y sobre todo un ganador nato, y en ese momento comprendía entre tinieblas que eso mismo me podía haber conducido al lugar y al camino que deseaba que llegara de inmediato. Ya sobre las siete de la mañana subí a una zona alta del lugar desde donde se podía divisar, con una preciosa luz, el amanecer de mi querido Madrid. Mi ropa sucia y con sangre de una herida me hacían estar sin fuerzas ni defensa para vivir y, aunque deseaba que ese barco cambiara de dirección y de esta forma volver a tomar el timón de mi vida, la tormentosa noche y el hecho de solo poder ver un árbol y no todo el bosque me hacía sentir humillado y ruin, de tal forma que me coloqué justo al borde del precipicio para dejarme caer.

Tenía una sensación de pánico y a la vez de una paz espiritual que siempre lo escribiré o diré, si no se vive no se siente, es la realidad de la vida, hay que sentirlo, no leerlo y contarlo al viento. En ese momento, no se exactamente cuanto duró y cuando ya mi vida pasaría a la otra dimensión, séptimo cielo, o lo que cojones sea, con perdón, escuché la voz de alguien, ¿qué haces ahí chico? Ni contesté, solo vi que se acercaba alguien. Cuando estuvo cerca de mi le dije, estilo película americana, que me dejara en paz porque podría hacer algo contra mi o contra esta persona. Respondió con mucha dulzura y amor, pidiéndome que por favor que me sentara y que bajara despacio para que la diera un trago y que quería ver mi cara, pues según ella le recordaba a una persona muy querida de su familia. Tocó, lógicamente, mis fibras sensibles, ahora lo entiendo claro. En aquel momento, no se por qué hice caso, pero me ALEGRO MUCHO DE QUE ME ENGAÑARA.

Bajé y era un travesti, un hombre vestido de mujer, bromeé diciendo que alguna vez había pasado con coche por esta zona y que me resultaba extraño estar al otro lado del río, en su zona, ganándose la vida como podía. Me preguntó con ternura que qué me había pasado para llegar hasta tal punto de perder la cabeza, de no querer vivir, y que la había asustado, porque me estaba vigilando, pues creía que era alguien que podía hacerla daño, pero se dió cuenta de que no, y que me vió la cara pálida, estaba blanco y de la herida que tenía abierta me seguía saliendo sangre.

Los dos juntos, sentados en una explanada, parecía surrealista, pero ya se sabe, la realidad supera a la ficción, le conté lo que me había ocurrido meses antes y a su vez que golpeé con fuerza a los tres sinvergüenzas traficantes, y que el alcohol me había llevado hasta allí. Me empezaba a sentir avergonzado, entonces fue cuando retomó la palabra la mujer, y comenzó a contarme su vida y cómo salió adelante, la mire a los ojos por si me estaba mintiendo y los ojos siempre dicen la verdad, su historia era muy triste y no quiero recordarla, solo algún dato como que estudió hasta tercero de empresariales, pero su padre abusó de ella y desde entonces se ganaba la vida como travesti y en el fondo lo odiaba, como es lógico, pero había impedimentos en su vida para que su situación no mejorara. Todo esto me extrañaba pues me comentó que la gustaba escribir y yo noté que tenía una gran fortaleza mental y cierta disciplina, pero la mente es muy particular, ya se sabe.

Me habló cosas maravillosas y me brindó una filosofía de vida muy familiar a mi interior, me dijo que yo tenía alma de guerrero y que debía de entender que también se pierde, no siempre se gana y, como sabéis, de las derrotas se aprende mucho más que de las victorias. Comentó que daría su alma al diablo por haber llevado mi vida y no la suya, pues se sentía indiferente ante muerte, pero no ante la de un chico con una vida por delante, confuso. Me habló de la eficiencia, del valor, de la concentración, me explicó, y creo que aprendí, a distinguir lo esencial de lo intranscendente, QUE NUNCA SERIA UN HEROE SI HUBIERA REALIZADO LO QUE DESEABA HACER, y que si confio y escucho mis ideas más profundas del alma y de mi corazón saldría hacia delante.

No se por qué sus palabras contribuyeron a equilibrar mis emociones, además de calmar mi angustia de aquel día triste entonces y feliz hoy, me habló mucho de las emociones, de cómo calmarlas, me aseguró que me veía una persona con mucha velocidad mental, y que parecía que solo despertaba mi concentración en los combates, sean de calle o deportivos. Me aseguró que era un guerrero que buscaba la muerte y lo que debía hacer, con astucia, era evitarla, QUE IBA A SU ENCUENTRO PARA DERROTARLA, PERO YO SERIA EL PERDEDOR DESAFIANDO HASTA A LA MUERTE, nunca sería una muerte gloriosa y más bien ridícula, que diferenciara lo que es el vengador que va a buscar al agresor de su familia, a los traficantes de turno, que no me conduciría a nada, me repitió que existía una gran diferencia de actitud entre ambas posiciones.

AQUEL QUE CONOCE A OTROS ES INTELIGENTE, AQUEL QUE SE CONOCE A SI MISMO ES SABIO.

Ante toda esta descarga emocional de, para mi, este ángel de la guarda, solo me quedaba abrazarla y llorar como un niño, sentía un miedo que nunca antes había tenido. Era pánico a algo inexplicable, estaba temblando y llorando, y ya eran las diez de la mañana. Me propuso ir a su humilde casa, para descansar, y cuando tomamos un taxi, le indicó al taxista la dirección hacia un hospital. Me curaron y eran las doce y media, me estaba esperando en la sala de espera, yo no podía mirarla a los ojos, me avergonzaba, solo se reía y me decía, ahora si que estas guapo.

Fuimos a su casa y seguimos hablando hasta las cuatro de la tarde y caí rendido en una cama hasta las diez de la noche. Me había preparado la cena, cenamos juntos, la dije que me tenía que ir, momento donde se me rompió el corazón, pero no podía evitar decirla que dejara ese mundo de la Casa de Campo y de travesti, había hecho algo muy fuerte por mi y yo la debía corresponder, si fuera necesario con mi vida, solo dijo CADA UNO DEBE SEGUIR UN CAMINO, ALGUN DIA LO ENTENDERAS.

Solo me pidió que de esta experiencia, sería muy penoso, que no hubiera aprendido algo, más triste sería no recordarlo y terrible olvidarlo.

Gracias a un travestí estas leyendo este escrito, también hizo algo por ti, si has sentido algo.

JAMAS JUZGUES A LAS PERSONAS POR SU ASPECTO, IDEOLOGIA, CREENCIAS ETC.,PUEDE QUE SEAN TU ANGEL DE LA GUARDIA DISFRAZADOS DE ALGO DIFERENTE A LO QUE TU MENTE TE FALSEA Y SUS FANTASIAS.

Florecí como la flor del loto en un progreso espiritual que nace en el pantano, emerge del barro para mostrarnos toda su belleza y perfume, como floreció de la nada aquella bella, hermosa persona que nunca olvidaré.